La construcción avanza hacia un modelo de prevención que busca actuar sobre los riesgos antes de que sus efectos se acumulen en el cuerpo. La reducción de la exposición al polvo de sílice, las vibraciones y el esfuerzo físico repetitivo, junto con una mayor planificación de las obras, empieza a complementar las medidas tradicionales de seguridad y el uso de equipos de protección personal.
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