Hace unos meses, un libro superventas estadounidense llegó a las librerías españolas tras un proceso de traducción y revisión asombrosamente rápido. Poco después se desató la polémica entre las comunidades de lectores. TikTok se llenó de vídeos de lectoras señalando frases raras, erratas y pasajes que simplemente no sonaban a español. El debate estaba claro: quién estaba detrás de la traducción, un algoritmo o una persona.
Aunque la editorial nunca llegó a confirmarlo oficialmente, este episodio deja una pregunta flotando en el aire: ¿cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina?
La respuesta corta es que no siempre se puede saber con certeza. La respuesta larga es que hay señales bastante reconocibles, si se sabe dónde mirar.
El texto es ‘correcto’, pero no suena natural
Sería absurdo negar el inmenso avance de la traducción automática actual, ejemplo de ello es que ya no comete errores gramaticales evidentes.
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