Un paso más en la gran transformación tecnológica que vivimos es el del antropomorfismo. No solo al dar crecientemente a las máquinas, a los robots, un aspecto físico o plástico humano, humanoide, cada vez más realista, sino también en nuestra relación verbal o narrativa, ya sea oral o escrita, con ellas. Especialmente con las inteligencias artificiales generativas, basadas en grandes modelos de lenguaje (LLM). “Gracias Claude”, “buenos días, Siri” o tratos similares son muy habituales por parte de los usuarios. Pero no son fortuitos ni inocuos. Tienen intenciones y costes.
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