Marisol, una máscara idéntica al rostro

En 1961 los artistas y la intelligentsia neoyorquina se reunían en The Club, un espacio bohemio y a la moda donde podían tomarse una copa, escuchar sesudas conferencias de vanguardia, ver exposiciones y asistir a performances. Una noche se programó una mesa redonda en torno a la escultura contemporánea, con cuatro hombres parlantes y una joven artista invitada y muda: Marisol Escobar, una venezolana bellísima (luego más sobre el espinoso asunto de su belleza), criada entre Europa y América y formada en California. Por entonces ya había tenido varias exposiciones en Leo Castelli, que empezaba a convertirse en la galería neoyorquina y desde la que se lanzó la carrera de Jasper Johns, Andy Warhol y otros santones del incipiente arte pop.

Hidalgo ¡Tiene algo!
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