Al principio, uno de los grandes atractivos de las fintech en México era bastante sencillo: ofrecían rendimientos muy por encima de lo que daban las cuentas tradicionales, con tasas que llegaron a rondar o superar el 15% anual. Era una forma directa de atraer usuarios: “deposita tu dinero y déjalo generar ganancias sin hacer demasiado”.
Pero el mercado se fue llenando de opciones y aquellas tasas comenzaron a moderarse.
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