En México todavía es una escena que muchas personas reconocen de inmediato: un perro en la azotea de una casa, con una casita, un plato de agua y comida. Para muchas familias es simplemente el espacio que tienen disponible para su mascota, una práctica que durante años se ha visto con tanta frecuencia que terminó por formar parte del paisaje cotidiano y, en España, esa misma escena puede tener consecuencias legales.
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