Quizá como nunca antes, Javier Milei omitió cerrar un discurso con su trillado grito de guerra: se guardó el “viva la libertad, carajo” y lo reemplazó por “viva la patria”. No fue lo único que omitió: tampoco se escucharon los habituales insultos para quienes lo critican.
Los cambios fueron síntoma de lo que buscó este jueves con un mensaje a la ciudadanía transmitido en simultáneo y en cadena por los medios de comunicación.
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