Cuando Netflix llegó a México en septiembre de 2011, el streaming todavía comenzaba a modificar el negocio del entretenimiento. Quince años después, la plataforma dejó de ser únicamente un servicio para consumir contenidos y se convirtió en un participante de la industria audiovisual mexicana, con producción local, contratación de talento y una operación que ahora funciona como base para América Latina.
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