México conserva el grado de inversión , pero el margen se estrecha. La discusión se reavivó después de que algunos indicadores del mercado mostraran que ciertos bonos soberanos pagan rendimientos comparables con los de países de menor calificación crediticia, una señal que algunos inversionistas interpretan como una advertencia sobre el deterioro fiscal del país. Sin embargo, especialistas consultados por Expansión consideran prematuro afirmar que el mercado ya trata a México como un emisor de “bonos basura” . El riesgo, señalan, está menos en una degradación inminente que en la trayectoria de los próximos años: bajo crecimiento, mayores necesidades de financiamiento y el costo que representa Petróleos Mexicanos (Pemex) para las finanzas públicas.
Pemex traslada presión al soberano
“Me parece completamente equivocada esa forma en la que se pone”, dijo Joan Domene, economista para México de Oxford Economics, respecto a la idea de que México ya cotiza como un país sin grado de inversión. Domene apunta a los credit default swaps (CDS), instrumentos utilizados para cubrirse ante un posible incumplimiento. Donde el CDS soberano a cinco años ronda los 80 puntos base y ha descendido respecto a 2025, comportamiento difícil de conciliar con un mercado que estuviera anticipando una pérdida próxima del grado de inversión. Hacienda utilizó el mismo argumento para responder al debate y señaló que el CDS de México bajó de alrededor de 120 puntos base al inicio de la actual administración a 80, mientras el de Pemex pasó de aproximadamente 460 a 222 puntos base. Además, las elevadas tasas de los bonos mexicanos de largo plazo tampoco responden exclusivamente al riesgo país. Domene señala factores como inflación, tasas de interés todavía altas y el incremento global de los rendimientos de los bonos. Pero reconoce que existe una prima asociada a las dificultades para consolidar las finanzas públicas y al apoyo gubernamental a Pemex y CFE. Pemex ya se encuentra en grado especulativo para Fitch y Moody’s, pero el creciente respaldo del Gobierno ha reducido su riesgo de incumplimiento. El problema es que esa protección no elimina el riesgo, porque una parte termina trasladándose al balance público. Moody’s asignó esta semana una calificación Baa3 a la nueva emisión de bonos de México denominada en yenes, el mismo nivel que mantiene para la deuda soberana del país y el último escalón dentro del grado de inversión, con perspectiva estable. La agencia señaló que la fortaleza fiscal se ha deteriorado desde 2024 por mayores déficits y por el apoyo continuo a Pemex, que ha contribuido al aumento de la deuda y limita la consolidación fiscal. También advirtió que una materialización adicional de pasivos contingentes de la petrolera podría ejercer presión a la baja sobre la nota soberana. México permanece en grado de inversión con las tres principales calificadoras, aunque Fitch lo mantiene en BBB- y Moody’s en Baa3, ambos en el último peldaño antes del grado especulativo; S&P mantiene BBB, pero con perspectiva negativa.
México necesita un superávit primario de 1% del PIB: Oxford Economics La trayectoria hacia la pérdida del grado de inversión
Para Domene, una de las señales más importantes será el balance primario y afirma que México necesitaría avanzar hacia un superávit primario cercano a 1% del PIB para contener la deuda como proporción de la economía. El país todavía no se encuentra en ese punto y el presupuesto de 2027 será una primera prueba de la capacidad del Gobierno para acercarse a esa trayectoria. De acuerdo con un análisis del IMCO , Pemex registró una pérdida neta de 28,000 millones de pesos al primer semestre de 2026, frente a una utilidad de 16,200 millones un año antes. Aunque su deuda financiera descendió a 77,500 millones de dólares, el Gobierno le transfirió más de 100,000 millones de pesos en aportaciones de capital durante los primeros seis meses del año. Además, la reducción de la deuda de Pemex descansa en buena medida en la apreciación del peso y los apoyos federales. Desde 2019, los apoyos directos acumulados alcanzan 1.88 billones de pesos, de acuerdo con el reporte “Pemex desaprovecha altos precios internacionales del petróleo”, de Banamex. La institución advierte que la petrolera sigue dependiendo de capitalizaciones y operaciones de manejo de pasivos. El problema también funciona en sentido contrario, ya que Pemex dejó de aportar a las finanzas públicas como lo hacía anteriormente. Banamex calcula que entre 2023 y 2025 los ingresos petroleros quedaron 501,700 millones de pesos por debajo de lo presupuestado; al agregar el faltante del primer semestre de 2026, la brecha alcanza alrededor de 619,700 millones. Luis Gonzali, codirector de inversiones de Franklin Templeton México, consideró en entrevista con Expansión que México conserva actualmente el grado de inversión y que una degradación no es un escenario inmediato. La firma ubica en un horizonte de entre tres y seis años un riesgo plausible si la trayectoria económica y fiscal no cambia. El especialista advierte que permanecer durante demasiado tiempo con tasas de crecimiento cercanas a 1% deteriora gradualmente la capacidad fiscal del país. Un escenario más favorable sería recuperar un crecimiento superior a 2%, acompañado de mayor inversión y consolidación de las cuentas públicas.
No creo que tengamos que ver la tasa de largo plazo en México y asumir que está en los niveles actuales por cuestiones específicas de riesgo país. Es un cúmulo de condiciones domésticas y externas
El círculo vicioso pasa por un bajo crecimiento que limita los ingresos públicos; mayores compromisos que reducen el espacio para inversión; una menor inversión que restringe el crecimiento potencial y, con el paso del tiempo, hace más difícil estabilizar las finanzas públicas. Pemex aparece dentro de ese problema como un costo de oportunidad fiscal. Por otro lado, los especialistas explican que el aumento de las tasas de largo plazo tampoco es exclusivo de México. De hecho, esta semana los bonos soberanos globales alcanzaron niveles no vistos desde 2008, presionados por elevados déficits y niveles de deuda en economías desarrolladas, inflación persistente y una mayor emisión de deuda de empresas tecnológicas para financiar proyectos de inteligencia artificial. Esta última estaría desplazando parte de la demanda por bonos soberanos, agregando presión a las tasas de largo plazo a nivel mundial.
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Fuente: Expansión (Negocios). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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