La primera vez que enfrenté a una casa vacía fue en Popopark, ese fraccionamiento a las faldas del Popo que, de un tiempo para acá, recibe más ceniza que gente. Era una niña, de visita con unos parientes. Mis primxs y yo corríamos por el campo frío (siempre hacía frío en mis recuerdos de Popopark) con un objetivo concreto: llegar a la casa abandonada. A una distancia prudente, la observé. La casa se veía muy vieja y alicaída, un vestigio de otra era. El valor sólo me dio para llegar
Fuente: Chilango (Entretenimiento). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
Dejanos un comentario:
