¿Cuántas veces has visto en un manga romántico japonés que dos personajes consiguen una cita y, cuando llega el momento de decidir a dónde ir, terminan en el mismo lugar: un acuario? Es una de esas escenas que se repiten tanto que ya casi forman parte del género, al nivel de los festivales, los fuegos artificiales o la cafetería donde alguien finalmente confiesa lo que siente.
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