
El bigote y la barba grises de Peter Brown estaban cubiertos de hielo mientras vigilaba una gélida tarde de viernes a las puertas de la escuela primaria Green Central, no lejos del lugar donde un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos disparó mortalmente a Renee Good la semana pasada. Con un chaleco verde neón y equipado con un silbato y un walkie-talkie, Brown, un abogado jubilado de 81 años que vive cerca, permanecía alerta. Sus ojos observaban cada auto y peatón que pasaba, preparado para dar la alarma en caso de que personal federal de inmigración se acercara a la escuela, que imparte clases en inglés y español y está cerca del lugar donde murió Good. “Nunca me han gustado los matones, y eso es en lo que se ha convertido el gobierno federal”, dijo Brown, explicando por qué un octogenario se quedó fuera durante cuatro horas con unos heladores -19 grados Celsius). “Lo que está ocurriendo en mi ciudad no es más que intimidación autoritaria, y mis vecinos y yo no vamos a tolerarlo”.
PADRES PATRULLANDO
El Gobierno del presidente Donald Trump ha desplegado unos 3.000 agentes federales en el área metropolitana de Mineápolis-St. Paul, en el marco de su programa de deportación masiva. Personas que podrían estar organizando reuniones entre padres y profesores integran ahora patrullas de seguridad en las escuelas de sus hijos para vigilar a los agentes de inmigración.
Algunos padres que no forman parte de las patrullas escoltan a profesores o miembros del personal nacidos en el extranjero, llevándolos y trayéndolos de sus casas y escuelas para que se sientan más seguros. Otros reparten alimentos y medicinas a familias inmigrantes que tienen demasiado miedo para salir de casa o enviar a sus hijos a clase.
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La senadora Amy Klobuchar, demócrata que representa a Minnesota, dijo el viernes que se reunió con directores de escuelas de su estado “y escuchado historias de horror de niños y padres “asediados” por el ICE”.
“Niños asustados. Encuentros peligrosos. Esto ya no se trata de una investigación de fraude”, escribió Klobuchar en las redes sociales, instando a los residentes a permanecer pacíficos.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), que supervisa el ICE y la Patrulla Fronteriza, dijo esta semana que más de 2,500 personas han sido detenidas en la operación. El DHS ha afirmado en repetidas ocasiones que sus agentes no tienen como objetivo los colegios.
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“El ICE no va a las escuelas a detener a los niños, sino que los protege”, dijo en un comunicado la subsecretaria del DHS, Tricia McLaughlin. “Los criminales ya no pueden esconderse en los colegios estadounidenses para evitar ser arrestados”. “La administración Trump no atará las manos de nuestras valientes fuerzas del orden y, en su lugar, confía en que usen el sentido común. Si un peligroso delincuente extranjero ilegal huyera a una escuela, o un delincuente sexual infantil está trabajando como empleado, puede haber una situación en la que haya un arresto para proteger la seguridad pública, pero esto no ha ocurrido”, agregó.
No obstante, los padres y los líderes escolares dicen lo contrario. Un portavoz de las Escuelas Públicas de St. Paul dijo en un comunicado que dos de sus furgonetas de transporte de alumnos fueron detenidas por agentes del ICE esta semana. Asimismo, aseguran que varias escuelas y guarderías han notificado a los padres detenciones de profesores y personal.
EDUCACIÓN EN LÍNEA
Los colegios afirmaron que algunos padres fueron detenidos en las paradas de autobús después de dejar a los niños. Agentes de la Patrulla Fronteriza se enfrentaron a manifestantes en el recinto del instituto Roosevelt de Mineápolis al finalizar las clases, pocas horas después de la muerte a tiros de Good.
Según el DHS, el enfrentamiento se produjo después de que los agentes persiguieron a una persona que embistió a uno de sus vehículos a varios kilómetros de distancia y huyó luego al recinto escolar.
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Varios distritos escolares -incluidos los de Mineápolis y St. Paul, los dos más grandes del estado- han cancelado las clases algunos días y están permitiendo a los estudiantes aprender en línea durante las próximas semanas en respuesta a las operaciones de inmigración.
“Muchas familias de mi zona tienen miedo de enviar a sus hijos a la escuela porque el ICE está vigilando nuestras paradas de autobús”, declaró al diario Star Tribune la representante estatal Carlie Kotyza-Witthuhn, demócrata y copresidenta del Comité de Finanzas y Política para la Infancia y las Familias de la Cámara de Representantes de Minnesota.
Nate Byrne, portavoz de Kids Count on Us, una coalición de 500 guarderías comunitarias de Minnesota, declaró que reciben informes diarios sobre la presencia de agentes del ICE en las instalaciones de las guarderías o en sus inmediaciones, y que la asistencia a estas instalaciones en los barrios con mayor presencia de inmigrantes se ha reducido en 50%.
Kids Count on Us ha recibido informes de trabajadores de guarderías bajo custodia del ICE, dijo Byrne, aunque no tenía cifras específicas.
COMIDA Y DINERO
“Los padres que no tienen miedo de ser detenidos por el ICE -por lo general porque son blancos- están formando equipos para patrullar fuera de sus centros de cuidado de niños durante la entrega y recogida y cuando el personal tiene que entrar y salir”, dijo Byrne. “Los padres que temen ser detenidos por el ICE debido al color de su piel están siendo extremadamente cautos”. Kelly, una madre de St. Paul que pidió mantenerse en el anonimato por temor a represalias del gobierno federal, dijo que está ayudando a entregar alimentos a las familias inmigrantes que asisten a la escuela de sus hijos, pero que tienen miedo de salir de sus casas. Los padres también están recaudando dinero para ayudar a pagar el alquiler de las familias en toda el área metropolitana, ya que los padres están perdiendo días de trabajo, según Kelly y otros padres.
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Kelly, que asistió a una protesta el viernes por la noche contra el ICE con su marido y sus dos hijos, de 6 y 9 años, dijo que está desconcertada al ver en lo que se ha convertido su ciudad por las redadas. En el pasado era voluntaria en actos de la asociación de padres y profesores, pero ahora lleva un silbato a todas partes y dice estar preparada para enfrentarse a los agentes federales si se acercan a la escuela de sus hijos. “No hay un manual de paternidad para esto”, señaló. “Mis padres nunca tuvieron que sentarme y explicarme que mis compañeros que de repente faltan al colegio no están allí porque sus padres tienen miedo de que se los arrebate el gobierno”.
Cortesía de El Economista
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