Bajaron la cabeza y las armas los pretendientes al laurel, los aspirantes al maillot rojo, resignación o flaquezas, un rodar con la mirada puesta en el retrovisor, que nadie me quite lo mío. Ni Roglic, ni Gall, ni Carapaz ni nadie dijo esta es la mía en el penúltimo compromiso de la Vuelta, terreno escarpado y ocasión perdida.
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