El canciller de Taiwán, Lin Chia-lung, lo dijo con claridad: el orden internacional basado en normas está bajo asedio y pocos lugares lo ilustran con tanta crudeza como el estrecho de Taiwán. Lo que ocurre ahí ya no es un asunto regional aislado, sino una prueba de fuego para todo el sistema multilateral.
La tesis central es simple y, sin embargo, revolucionaria para el orden diplomático global: Taiwán no es un problema doméstico chino, sino un actor internacional excluido injustamente de instituciones que, paradójicamente, dependen de su estabilidad. El estrecho es una de las arterias marítimas más transitadas del planeta, pues por ahí circula buena parte del comercio mundial de semiconductores, la materia prima invisible de la economía digital contemporánea.
Lee la nota completa en El Economista.
Dejanos un comentario:
