Burt Reynolds tenía un acuerdo que cualquier actor habría querido conservar toda la vida: Pontiac le regalaría un Firebird Trans Am nuevo cada año. No era parte de un contrato cinematográfico ni una campaña publicitaria formal. El trato nació después de que una película con Reynolds al volante de un Trans Am negro y dorado disparara las ventas del modelo.
Durante cinco años, los autos llegaron con puntualidad. Después, simplemente dejaron de llegar.
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