Hay algo que debería indignarnos mucho más como país. Algo que tendría que ocupar conversaciones familiares, espacios de opinión, agendas empresariales y, sobre todo, la discusión pública. Pero difícilmente ocurre por falta de conocimiento. En México somos capaces de pasar horas discutiendo sobre política, partidos, personajes, declaraciones, escándalos y controversias que mañana probablemente habremos olvidado.
Mientras tanto, hay una realidad que está determinando silenciosamente el futuro del país, nuestros niños están teniendo enormes dificultades para aprender lo más elemental.
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