El cambio de milenio en México vino acompañado de una esperanza de transición a la democracia. Se terminaban casi ocho décadas de Gobiernos del PRI y por fin llegaba a la presidencia un político opositor, Vicente Fox, del conservador PAN. Empresario de rancho, dueño de un gran carisma, desparpajado, lépero, vestido a la texana con botas y sombrero, en Fox cristalizó la urgencia de un país que ya no aguantaba la asfixiante hegemonía del partido único.
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