Violeta Guerrero se instala como ícono del terremoto: sus padres atesoran “siete años enteros de felicidad”

Le decían Tuti. Hoy, un rincón de su casa está lleno de cientos de flores del color de su nombre. Violeta tenía siete años cuando, el 10 de agosto, un terremoto derrumbó el edificio donde pasaba unos días de vacaciones con su abuela materna, Amparo, a quien todos llamaban Amparito.

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“Mirando hacia atrás, el resumen es que toda su vida fue felicidad”, dice Andrés Guerrero, su padre. “Nos enseñó que uno tiene que ser feliz en todo lo que hace”.

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