Si antes del 1 de septiembre usted bajaba el balón del trastero y, en un día inspirado, se iba al parque de la esquina a darle unos toques, podían caerle algunos millones. Solo tenía que verle la persona adecuada. Así de desquiciado está el mercado, empeñado en abrir una distancia cada vez más ridícula entre el valor del futbolista y su precio. Usted solo tendría que poner ca
o. Si se ríe, el negocio puede venirse abajo.Seguir leyendo
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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