Por Horacio Rivera
Un día antes de que iniciara el proceso electoral de 2026- 2027, Claudia Arlett Espino, secretaria ejecutiva del INE presentó su renuncia al cargo. Pero no se fue sola, su equipo de colaboradores más cercanos también dimitió. Mal empieza la competencia por el poder
Se puede reprochar a Lorenzo Córdoba el haber sido arrogante y lejano a la gente durante su gestión al frente del extinto IFE (Instituto Federal Electoral). Pero de igual forma debería reconocerse que hacía bien su chamba como organizador de elecciones. Y tan lo hacía bien, que la candidatura de López Obrador a la Presidencia de México nunca encontró obstáculos ni trabas por parte del IFE para ganar la elección de 2018. Aquel IFE gozaba de independencia y autonomía. Y sobre todo, de credibilidad. El pueblo tenía la certeza, no sólo de que podía confiar en las elecciones y en quienes las organizaban, sino también en un Tribunal Federal Electoral, que es quien se encarga de dirimir los conflictos que se suscitan al calor de la contienda. Sí. El IFE funcionaba. Era de las cosas que nunca debió manosear el gobierno morenista. Pero las tentaciones y, sobre todo, la obsesión por conservar el poder eran grandes. Así que terminaron por apropiarse de Instituto Nacional Electoral, el cual se parece más una secretaría de gobierno del PRI de los años setenta, que a una Institución seria y profesional, cuya razón de ser es el desarrollo democrático del país.
¿Por qué renunció a su cargo la secretaria ejecutiva del INE a tan sólo unas horas de que diera comienzo el proceso electoral de 2026- 2027? La versión oficial, la políticamente correcta, afirma que Claudia Arlett Espino dejó el cargo por motivos de salud. Pero también hay quien dice que en realidad la renunciaron. A ella y a su equipo. Pero si fue así, no debería de preocuparse los echados a la calle. Dadas las condiciones actuales del INE, todo apunta a que la elección del año entrante podría terminar siendo un trago amargo. Cómo andarán las cosas que Arturo Castillo Loza, consejero electoral, no pudo más y soltó varias netas durante un discurso pronunciado el pasado jueves 10 de septiembre ante el Consejo General del INE. El consejero resumió en unas cuantas líneas lo que ha sido la administración de Guadalupe Taddei, presidenta del INE, desde 2023. Para Castillo Loza el INE ha renunciado a su responsabilidad de vigilar que los partidos se sujeten a los tiempos electorales. En efecto, ¿alguna vez vimos que el INE sancionara a Morena por realizar actos anticipados de campaña, como llevar a los pueblos de Chihuahua consultorios médicos rodantes (“Caravanas de la Salud”) decorados con la imagen a todo color de la senadora morenista Andrea Chávez muy sonriente? No, no hubo sanciones económicas, mucho menos se le exhortó a Morena a que inhabilitara a la flamante senadora por pasarse de audaz. En palabras de Castillo Loza, al INE de Taddei tampoco le ha interesado rendir cuentas. Y como ejemplo menciona que se han nombrado a 12 nuevos titulares de direcciones ejecutivas sin pedir el consentimiento del Consejo General. Eso además de 800 personas que han sido despedidas. Soberbia y autoritarismo. Tal vez a Arlett Espino y a su gente les hicieron un favor.
Tentaciones
Con un INE del lado del gobierno se podrían esperar muchas sorpresas en las próximas elecciones. A la izquierda le costó muchos años y muchas maromas alcanzar el poder. Y hoy que está en sus manos y, que ese poder les ha dado tanto dinero, no van a permitir que se los arrebaten. No importa cuántas elecciones pierdan. A estas alturas, ya no sólo se trata de poder, sino de supervivencia. Ya lo dijo alguna vez el simpático y siempre austero senador Fernández Noroña: “Si la oposición regresara al poder nos harían pedazos. Mínimo nos meterían a la cárcel”. Por supuesto, antes de que algo así ocurriera, el morenismo está dispuesto a vender muy cara la derrota. ¿Sería extraño que el partido gobernante recurriera al fraude electoral? ¿O se piensa que los morensitas no le saben a eso del fraude? Si sus fundadores y dirigentes salieron de los bajos fondos del PRI. Será por eso que los gringos ya están moviendo las piezas. Sin estridencias, pero con una estrategia puntual, han intensificado su campaña para descarrilar las candidaturas de los morenistas que, según sus investigaciones, tienen vínculos con la maña. Ahí queda el caso de la senadora Julieta Ramírez. Justo cuando la “Julietona” se perfila para ser la ilustre candidata de Morena a la gubernatura de baja California, un noticiero de Televisa da a conocer que la senadora mantiene un acuerdo (proffer agreement) con el gobierno gringo para proporcionarle información acerca de las movidas y maromas d sus compañeros de partido. ¿Quién le pasó el chisme a Televisa del acuerdo entre la senadora y los gringos? No sería extraño que se tratara de una filtración originada en Estados Unidos por parte de alguna agencia de inteligencia. Y como la “Julietona”, hay varios morenistas a quienes se les podría caer la candidatura. A Abelina López, la alcaldesa de Acapulco con licencia, ya se le cayó.
Pasado pendiente
Aquellos que vivieron bajó el régimen priista saben bien lo que ocurre cuando un gobierno se apropia de la democracia. Saben que sin importar por quién vote el pueblo, el candidato del partido gobernante siempre será el ganador. Y aunque parezca increíble, por un tiempo eso se terminó. Con el triunfo de Vicente Fox en la elección del 2000, por primera vez en poco más de setenta años, llegaba a la Grande un candidato que no pertenecía al PRI. Y llegó de la mano de un Instituto Federal Electoral con autonomía e independencia, operado por gente con oficio y el compromiso de trabajar para que el poder se compartiera. Y quién diría que al paso de los años, la izquierda, esa izquierda que se desgarraba las vestiduras, que exigía democracia y condenaba el autoritarismo, gobernaría y regresaría las viejas mañas del PRI, en un intento de aferrarse al poder.
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