Ahora Estás Solo

Por Horacio Rivera

Tras el manotazo dado por la presidenta Sheinbaum, todos se preguntan cuál será la suerte de Rocha Moya, el gobernador fallido de Sinaloa

Lo que no termina de quedar claro es el destino que correrá Rocha Moya, una vez que la presidenta y el partido lo han abandonado. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta dónde se encuentra el exgobernador. Tal vez permanece en su casa o en un cuartel del Ejército o la Marina. Quizá ni siquiera está en Sinaloa. Pero más allá de su paradero, ¿piensa la presidenta enviarlo con los gringos para que sea juzgado allá por los delitos que le señala el Departamento de Justicia? ¿O la estrategia es que sea investigado por la Fiscalía General de la República de Ernestina Godoy, y encarcelado en una prisión mexicana de máxima seguridad, tipo Almoloya, el penal de los poderosos caídos en desgracia?

Cualquiera que sea la estrategia de Sheinbaum, haría bien en ponerla en práctica cuanto antes. Porque como están las cosas, cualquier eventualidad podría suceder. Por ejemplo que alguien quisiera eliminar a Rocha Moya del mapa. No son pocos los que el día de hoy verían con buenos ojos que se esfumara de la faz de la tierra. Y es que a donde quiera que voltee el exgobernador, hay alguien que le trae ganas. Alguien que teme que su nombre sea mencionado, no en las investigaciones de la FGR, pero sí en las investigaciones del Departamento de Justicia gringo. Eso incluye, lo mismo a los principales líderes de los cárteles de la maña, que a López Obrador y a otros tantos personajes de la cúpula morenista. Y vaya que hay varios. El gran riesgo para la presidenta es que si Rocha Moya fuese quitado de en medio, el primer sospechoso sería el gobierno. Le sucedió a Carlos Salinas de Gortari cuando, siendo presidente de México, el candidato del PRI a la presidencia, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado de varios disparos en Lomas Taurinas en Tijuana. Las miradas y las sospechas apuntaron directo al presidente Salinas. La opinión pública lo juzgó y lo declaró culpable de inmediato. 

Negociar con los gringos

Pero no sólo la seguridad de Rocha Moya es un aspecto que debería tomarse muy en serio, también está su libertad personal. Que se sepa, el exgobernador no está detenido. ¿Qué le garantiza a la presidenta Sheinbaum, luego de que ni siquiera le tomaron parecer respecto al regreso del propio Rocha Moya al gobierno de Sinaloa, que éste no jalará camino rumbo al norte y cruzará la frontera para entregarse a las autoridades gringas, buscando ser recibido como testigo colaborador? No sería descabellado. Algo así ya ocurrió hace unos meses, cuando el general Gerardo Mérida, ex secretario de Seguridad Pública del gobierno rochista, se apersonó en el otro lado para soltarle toda la sopa a la CIA y al FBI. Sería un revés para el gobierno mexicano, luego del manotazo que dieron la presidencia y el partido la semana pasada para quitarle todo su respaldo a Rocha Moya. De aquel sentido “No estás sólo”, proclamado con ciega convicción por parte de los morenistas, pasamos al “Si te veo ni me acuerdo”. Para muestra, la comprometedora entrevista que le hicieron hace unos días a la senadora morenista por Baja California, Julieta Ramírez, en la que la senadora, muy indignada y no menos nerviosa, desconoce o no recuerda haber participado en el respaldo público al exgobernador. Muerto el rey, viva el rey. Con esos truenos, todo parece indicar que lo mejor que le podría ocurrir, tanto a Rocha Moya como a la presidenta, es que el primero terminara en una cárcel mexicana enfrentando un proceso que, como cabría esperar, sería bastante benévolo, con la posibilidad de apostar a la corta memoria de los mexicanos, de tal manera que en un tiempo conveniente y razonable, Rocha Moya pudiera salir libre como si nunca hubiera pasado nada. En el México bronco siempre hay modo. 

El otro personaje sobre quien el gobierno ha tardado en poner marca personal es el senador sinaloense, Enrique Inzunza, correligionario de Rocha Moya. Inzunza es señalado por los gringos como enlace y operador entre la maña y el gobierno de Sinaloa. Flamante miembro del morenismo que también podría verse tentado a negociar con los gringos. Inzunza, al igual que Rocha Moya, le sabe el corrido a varios y podría decir tantas cosas. El senador y también abogado había pasado desapercibido, hasta que hace poco y, luego de 119 días de no asistir al Senado, Inzunza fue visto solo y, bastante casual, en la terminal 2 del aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a punto de abordar un avión con destino a Sinaloa. El fuero y el colmillo acompañan a Inzunza, quien ya se dio el lujo de mandar al diablo a Morena. Y ahora se ha convertido en “senador independiente”. Lo que nos faltaba.

Recursos peligrosos

Habría que ver qué opinan los gringos de toda la telenovela. Luego de las maromas que han hecho respecto al caso Rocha Moya, pareciera imposible que desistan en su intención de juzgarlo en una corte como la de Brooklyn. Al contrario, se prevé que continúen presionando, hasta que logren lo que buscan. Este es sólo el principio de otro entuerto en el que la presidenta se ve involucrada por tratar de defender lo indefendible. Felices y menos convulsos parecieran aquellos días en los que Sheinbaum aún no se convertía en presidenta, pero se sabía que era la “elegida”. Todos a su alrededor se desvivían por apoyar a la futura candidata con millones de pesos en efectivo y otras tantos recursos en especie. Como aquellos famosos anuncios espectaculares que, faltando dos años para la elección presidencial de 2024, aparecieron misteriosamente en varias ciudades del país con la frase “#Es Claudia”. Qué tiempos aquellos. Por cierto, los diputados de Morena aseguran que ellos fueron quienes pagaron los mentados anuncios. ¿Será? Habría que preguntarle al yerno de Rocha Moya. Tal vez él tiene otros datos.



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