La cronista empieza su último libro (de recopilación de crónicas) con el impacto que le causó una crónica que nunca publicó. Era noviembre de 1988 y Alma Guillermoprieto vivía en Bogotá, Colombia (donde también vive ahora). Los noticieros alertaron de la masacre de Segovia, un pequeño pueblo de la Antioquía, donde en solo hora y media habían sido asesinadas decenas de personas (46 se supo después).
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