Pippo Ganna es un gorila grandote que no puede bajar el manillar para plegarse y fundirse en uno, centauro con la bici, sin que se le duerman las piernas. Y sus vatios, centenares a la hora, se quedan en nada en la larga recta arqueada del circuito de Gilles Villeneuve, llorado, rozando el muro de los campeones y su cuerpo chocando contra su propia velocidad y el viento que desciende por el valle del río San Lorenzo, del lago Ontario al Atlántico, cuando pedalea a 60 por hora, qué derroche de potencia.
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