Se acabaron las etiquetas de conservador, de rácano en carrera, de calculador. Enric Mas, el Popeye de esta Vuelta desde que Pogacar se estrellara con el suelo, decidió lanzar un ataque a 11 kilómetros de meta y dejó petrificados a los pocos que seguían en pie, ritmo endiablado, ascenso de campeón y minutada reparadora, también cojín para una crono que está por llegar, su posible talón de Aquiles.
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