Apenas dos años después de sorprender con Justicia implacable, el director británico Guy Ritchie decidió alejarse de su zona de confort habitual para sumergirse de lleno en el conflicto bélico. Lejos de sus tradicionales comedias de gángsters, el cineasta entregó un largometraje de dos horas que oscila entre el thriller de alta tensión y un curdo drama militar que mantiene al espectador al borde del asiento.
El resultado fue un rotundo éxito entre el público.
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