La gran paradoja de la IA: no destruirá todo el empleo, pero casi nadie está preparado para reinventarse

A principios de los años 80, la profesión contable entró en pánico ante la aparición de una nueva herramienta que prometía arrasar con sus puestos: la hoja de cálculo electrónica. Las áreas dedicadas a realizar sumas y balances a mano desaparecieron prácticamente de la noche a la mañana; sin embargo, los contadores no se extinguieron, sino que pasaron a asumir otras responsabilidades de análisis financiero y estrategia.

Más de cuatro décadas después, la IA reaviva esa misma inquietud, con la diferencia de que el impacto amenaza a casi todo el mercado laboral de forma simultánea. Un informe elaborado por McKinsey pone números a este fenómeno y sugiere un desenlace muy similar al de aquella transición informática: el trabajo no se acaba, pero se transforma radicalmente.

Menos horas requeridas, no necesariamente despidos en masa

Según las proyecciones de McKinsey, para 2035 la automatización impulsada por IA absorberá una demanda equivalente a 36 millones de empleos de tiempo completo únicamente en EE. UU.

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