Asomarse al mundo, requiere valentía y una dosis abultada de tolerancia. Nuestros problemas a nivel mundial y en nuestro país, se antojan, muchas veces, de proporciones inmanejables y de profundidad y experiencia que no parece encontrarse en ninguna parte del mundo, menos aun en nuestro país.
La sensación, permanente es, sin embargo, que estamos gobernados por ególatras, ignorantes, con muy corta visión, impulsivos y con la mira en sus intereses personales o de grupo, más que en los de la comunidad a la que se deben.
Lee la nota completa en El Economista.
Dejanos un comentario:
