Los Estragos del Poder

Por Horacio Rivera

En medio de la tormenta desencadenada por la renuncia del ahora perseguido por la justicia gringa, el ex gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, Morena celebró su VII congreso Nacional Extraordinario. Escándalos de corrupción y colusión con el narco, nepotismo descarado y una tremenda soberbia por parte de sus dirigentes, apuntan a una fractura dentro del partido que podría ir de mal en peor 

De ahora en adelante no más corrupción. Aquellos que quieran competir por un puesto de elección popular tendrán que ser gente de comprobada honestidad. En esos dos pronunciamientos se podría resumir la filosofía de la nueva dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, conocida por su cercanía con el ala dura y achacosa de la izquierda. Principalmente con López Obrador. Pero Ariadna no era la única que andaba en el Congreso de Morena, también estaban con ella todos los machuchones de la transformación, excepto, Rubén Rocha, el gober caído en desgracia por obra de los gringos. Para los que viajan en clase premier; para los andan rechinando llanta en camionetotas; para los que se van a Japón cada vez que sienten la necesidad de hacer shopping. Para todos ellos el mensaje fue que de hoy en adelante tendrán que portarse bien. Lo que nunca escuchamos es cuál será el castigo para los canijos que mientan, roben y traicionen.

Cortesanos del bienestar

Algo ocurre cuando los morenistas se suben al estrado y se apoderan del micrófono. En ese momento se transforman. Es como si de él o, de ella, surgiera un alma revolucionaria. Digamos que es como si volvieran a estar en campaña. La mirada se les torna dramática, el gesto se les endurece, el pecho se les inflama. Ya luego viene todo el rollo mareador. Basta que citen el nombre del Todopoderoso, el gurú de Macuspana, Tabasco, para que la voz se les quiebre. Ariadna Montiel no fue la excepción. En un momento dado, sus aspavientos y su tono bravucón evocaron a la figura de aquella que le heredó el puesto. Sí. La regañona y poco eficiente, Luisa María Alcalde. Al final fueron demasiados aspavientos para decir lo mismo que hemos escuchado tantas veces. Por su parte, Alfonso Durazo, el gobernador del Sonora y Presidente del Consejo Nacional de Morena, llamó a cerrar filas para aguantar los embates de la oposición malvibrosa y carroñera. Y también arremetió contra los gringos por haberse lanzado contra el ex gober, Rocha Moya. Eso sí. Mucho cuidado tuvo Durazo de no llamar las cosas por su nombre. Digamos que, sin querer queriendo, dejó ver que han surgido viejas tentaciones imperiales con la pretensión de meter las narices en decisiones que sólo competen a naciones soberanas. En efecto, Durazo tuvo que moderarse. No vaya a ser que de un día al otro corra con la misma suerte de Rocha Moya. Toda vez que es un secreto a voces que el gobernador de Sonora pertenece al selecto grupo de políticos morenistas que han sido investigados por los gringos. Y sobre quienes podría caer la espada de Donald Trump en cualquier momento. Y lo que es la vida, al defensor de los privilegios obtenidos con el trabajo parlamentario, al viajero frecuente, el senador Fernández Noroña, me lo mandaron a sentarse muy lejos de los machuchones del partido. Sí, me lo ningunearon. ¡Cómo! Si Noroña es el orador estrella, el golpeador de la oposición, el amigo del pueblo. Pues aun así le hicieron el fuchi. Bueno, al menos él cree que va a ser presidente en 2030. Si es así que se cuiden los que lo mandaron a sentarse con la perrada. Los dos grandes ausentes del cónclave morenista fueron López Obrador y su amigazo del alma, Rocha Moya. Lamentable ausencia. Pero no es tiempo de andarse placeando ni de andar jalando cámaras ni micrófonos. Mejor el bajo perfil. Como el que practica a cabalidad el senador Adán Augusto López. A quien se le vio muy callado, casi ausente. Tal vez su cabeza andaba en otro lado, pensando en el futuro y en cómo salir de la bronca si es que algún día los gringos lo llaman a cuentas. Más vale estar un paso adelante.

Trayectoria impecable

Donde el discurso de Ariadna Montiel comenzó a naufragar, fue cuando mencionó que cualquiera que aspirare a un cargo de elección popular, respaldado por el partido, deberá poseer una trayectoria impecable. Ahí sí que la caballada está flaca. Muy flaca. ¿O sea que ahora sí se va a realizar un profundo trabajo de escrutinio para escoger los mejores perfiles? Si el problema no son las intenciones, sino la falta de capital humano. Quien no tenga cola que le pisen, que aviente la primera piedra. Aunque la dirigencia morenista no sólo debería estar buscando honestidad, sino experiencia y conocimiento por parte de quienes pretenden asumir un cargo público. Lo que no puede seguir ocurriendo, por ejemplo, es el caso del ex secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente. Un médico cirujano con una especialización en psiquiatría. Alguien que lo mismo fue secretario de Salud, que Rector de la UNAM. Así es, pero nunca acumuló experiencia en el servicio diplomático de carrera. La pésima relación que el gobierno de la presidenta Sheinbaum mantiene hoy con el gobierno gringo y, con otros tantos, es una muestra de esa falta de tablas para desempeñar la chamba. Por supuesto la fiesta del morenismo no habría estado completa, si la nueva presidenta nacional del partido no se hubiera quejado de la “ofensiva permanente” por parte de la derecha y la oposición contra su movimiento político. Y no se equivoca Ariadna Montiel, pero tampoco debería espantarse. ¿No hizo la izquierda exactamente lo mismo cuando fue oposición? Vaya que lo hizo, sólo que no contaba con el apoyo de los gringos. Al final de tantas arengas y promesas no hubo autocrítica ni jalones de orejas en la reunión del partido más poderoso de México. Como si no pasara nada. Como si el “movimiento” fuera a ser eterno. 



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