“Mira, con esto yo resuelvo el origen de las víboras”, espetó hace unos años un coleccionista europeo al paleontólogo argentino Federico Agnolín. Cerró el cajón y condenó al fósil a la oscuridad. “Era como una viborita ciega, un bicho que nunca vio la luz de la ciencia.
Es muy complicado el tema. No puedo contar mucho más”, reconoce hoy el científico.
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