De pronto la escena adquiría una inmovilidad de fotografía o de cuadro, de una de esas películas estáticas de principios de los años sesenta, en las que un grupo de personajes muy distintos y del todo aislados entre sí contemplan algo, o simbolizan la incomunicación o la alienación humana.
Los colores se debilitaban como el papel fotográfico en un álbum antiguo.
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