La lengua de tierra de Ceuta ya no reposa sobre el Mediterráneo, sino sobre un barril de pólvora. Hasta la más sucinta recopilación de sucesos de la última semana lo certifica: incendio en las chabolas de El Tarajal, agresiones a ceutíes por su color de piel, reyertas entre migrantes, vecinos increpando a periodistas o trabajadores humanitarios, manifestaciones pidiendo la “expulsión de los invasores”.
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