Al minuto nueve del partido inaugural en el Azteca, México anotó el primer gol de la Copa del Mundo y las ochenta mil personas presentes nos pusimos de pie. Los sombreros se alzaron, una ola recorrió el estadio y, por unos segundos, la distancia entre desconocidos desapareció.
Ese es el regalo que el fútbol le da al mundo, y esta vez México intentó dar forma a lo que ocurre a su alrededor.
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