La lonchera escolar volvió a quedar en el centro de la discusión pública. No por el sándwich, la fruta o la botella de agua, sino por una nueva generación de productos que se promocionan como opciones prácticas, saludables o “ideales” para niñas y niños, pero que, de acuerdo con organizaciones civiles, podrían contener tanta o más azúcar que un refresco.
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