Soichiro Honda llegó a Toyota con un pistón bajo el brazo y la convicción de que aquella pieza podía mejorar el rendimiento de un motor. Era joven, terco y quería trabajar con ingenieros capaces de llevar sus ideas más lejos. En lugar de una oferta de trabajo recibió una negativa: el diseño no cumplía con los estándares de la empresa y, según contó años después, algunos ingenieros incluso se rieron de él.
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