En 2005, Clint Eastwood entregó uno de los dramas más potentes en su trayectoria como director. La película arrasó en la temporada de premios y se llevó cuatro estatuillas de la Academia: Mejor película, Mejor dirección, Mejor Actriz para Hilary Swank y Mejor Actor de Reparto para Morgan Freeman.
Sin embargo, su arrollador éxito de crítica y taquilla vino acompañado de una intensa controversia moral que puso al realizador bajo fuego cruzado.
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