Por: Cultura UNAM Alguna vez Miles Davis describió a un destacado saxofonista de Memphis, ex miembro de su Quinteto (de 1963 a 1964), como un músico sin igual, que “tocaba todo de forma casi perfecta… colosal.” Se refería a George Coleman (1935), leyenda viva del jazz, quien se inmortalizó tempranamente en esos días sesenteros por sus solos proverbiales de álbumes como Seven Steps to Heaven y My Funny Valentine.
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