Durante muchos años, hablar de prevención de lavado de dinero en el sistema financiero mexicano significó, en buena medida, hablar de cumplimiento: identificar al cliente, conocer su actividad, monitorear operaciones, detectar señales de alerta y presentar los reportes correspondientes. Todo ello sigue siendo indispensable. Sin embargo, el siguiente paso es más ambicioso: convertir esa información en inteligencia capaz de identificar, investigar y
desarticular estructuras delictivas.Los resultados recientes de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) permiten dimensionar ese potencial. Entre octubre de 2024 y agosto de 2026, la UIF incorporó a
Fuente: El Economista (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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