He leído en alguna parte —pero no recuerdo en dónde ni cuándo— que Rockefeller pagaba para recibir, todas las mañanas, una edición especial del periódico: una edición que sólo contenía buenas noticias, o de la cual se eliminaban las noticias tristes, para que al millonario no se le amargara el día.
Era una mentira, una leyenda urbana, pero corrió y se acabó haciendo popular porque la verdad no era completamente distinta.
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