Caminaba por el pasillo de la prisión custodiado por policías y esposado, de las muñecas y los tobillos. Lucía melena rubia hasta los hombros, tez pálida, ojos claros. A ambos lados se veían rostros oscuros, tatuados, medias sonrisas en los gestos, olor a sudor. El que exudaban los presos más peligrosos, que se asomaban a los barrotes de sus celdas para ver al recién ingresado. Una voz entre aquella oscuridad de cuerpos se abrió paso: “Bienvenida, Shakira, aquí te vamos a encontrar novio seguro”. Risas maliciosas del resto de los
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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