El niño, de seis años, se escondió. Se agarró a algún tipo de sabiduría ancestral, a un jirón de su escenario infantil recién desgarrado, y guardó allí sus pequeños huesos, su miedo y su espanto, un escondrijo fuera del alcance del hombre malo. Fue el único que se salvó. Su hermana, su papá, su mamá, la mujer que lo cuidaba, incluso el perro, todos murieron. El hombre malo los mató. Si el niño lo entendió entonces, no se sabe. Si se atrevió a mirar cuando todo acabó, tampoco. Hay un
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
Dejanos un comentario:
