Hace unos años que Magdalena compró una vajilla que soñaba estrenar en la vivienda que pudiera otorgarle el Estado después de haberse quedado sin casa en 2012, cuando se deslizó la tierra en Catia, al oeste de Caracas, a causa de las lluvias, y su hogar se derrumbó junto con los de otras 60 familias.
En ese momento fue a parar a un edificio abandonado de la avenida José Ángel Lamas, que ya era refugio de otras familias damnificadas.
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