El auge de la inteligencia artificial entra en una nueva etapa: la llegada de la inferencia y los agentes autónomos. Durante los últimos años, el sector se concentró en entrenar modelos a gran escala, un proceso polémico marcado por saquear contenidos en internet, apoyarse en obras protegidas por derechos de autor y digitalizar y destruir millones de libros.
Ahora, la prioridad es poner a trabajar ese entrenamiento en tiempo real.
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