El pueblo de Widow’s Bay es tan, tan raro que sigue teniendo teléfonos fijos. Hay, incluso, cabinas públicas. Y no es solo que existan: es que se usan. Sin cobertura para móviles, no hay otro remedio. Esa curiosidad, hoy inquietante, que provoca una sonrisa con la cabeza ladeada por la extrañeza, se traslada a toda la serie, que tiene como telón de fondo ese pueblito de ficción del este de Estados Unidos. Porque La maldición de Widow’s Bay despista. Entre el susto, la fantasía, la carcajada, el hiperrealismo y lo
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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