Unos conejos fueron abandonados en una isla en 1865. 127 años de aislamiento cambiaron su apariencia

Un conejo de pelaje gris plateado corre entre la vegetación de una isla fría y ventosa en el extremo sur del planeta: no hay granjas, casas ni personas alrededor; solo él y una población que lleva generaciones viviendo en ese lugar. Sus antepasados llegaron hasta allí en 1865 porque alguien tuvo una idea que, en aquel momento, parecía bastante práctica: dejar conejos en la isla para que pudieran servir de alimento si algún barco naufragaba.

Lo que nadie podía prever era lo que ocurriría después.

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