Este verano hemos vuelto a comprobar cómo se sigue sofisticando el capitalismo de viajes, con tácticas de asfixia del cliente cada vez más maquiavélicas. Por ejemplo, se batió el récord del precio de bocadillo más zumo en aeropuerto: 439,43 euros. El pobre desgraciado no pudo pagar y lo metieron en la mazmorra de la terminal, un gran subterráneo donde se encontró a otros como él, obligados a buscar equipajes perdidos entre montañas de maletas hasta pagar su consumición. Había una sección especial de ibéricos, para quienes cometieron el error de
Fuente: El Pais (Paros). Nota agregada; el texto completo está en el medio original.
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