Rápido, unas piernas bajan las escaleras tan velozmente que las pelusas acumuladas en el rellano se arremolinan un poco más con el aire movido por las zancadas. La mujer agarra el pomo de la puerta, presurosa, y pasa del portal a la calle en un suspiro.
Entre sus labios se escapan unas palabras ininteligibles, susurradas al ver la inmundicia de unos cubos de basura que acumulan más suciedad de la debida, desbordados por las bolsas amontonadas en forma de pirámide.
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